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Leer por gusto para aprender mejor: una reflexión compartida

Después de leer la investigación titulada “La lectura extracurricular en la comprensión lectora en estudiantes de una institución educativa”.pdf, realizada por Gissela Lizbeth Aguinda Jipa, Adriana Adriela Zamora Avilés, Ana Gabriela Navarro Saritama y Milton Alfonso Criollo Turusina, surge una reflexión importante que vale la pena compartir con docentes y estudiantes.

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El estudio demuestra algo que muchas veces intuimos en el aula: cuando los estudiantes leen por gusto y no solo por obligación, comprenden mejor, piensan más y aprenden con mayor profundidad. No se trata de leer más por leer, sino de leer de manera libre, voluntaria y con sentido.

La investigación explica que la lectura extracurricular es aquella que el estudiante realiza fuera del aula, sin presión de notas ni evaluaciones. Por ejemplo, cuando un estudiante elige leer un cuento porque le interesa la historia, una noticia porque le llama la atención el tema o incluso un texto digital que conecta con su realidad, está leyendo de una forma distinta: con motivación y curiosidad. Y ahí ocurre el verdadero aprendizaje.

Cuando un estudiante lee así, empieza a comprender mejor lo que el texto dice literalmente: identifica personajes, ideas principales y palabras nuevas. Pero no se queda ahí. Poco a poco, comienza a preguntarse por qué ocurren las cosas, qué quiso decir el autor o qué pasaría si la historia fuera diferente. En ese momento, ya no solo está leyendo, sino pensando.

El estudio también señala que leer por placer genera emociones positivas. Un estudiante que se siente identificado con un personaje, que se sorprende con una historia o que reflexiona sobre una situación parecida a la suya, construye una relación afectiva con la lectura. Por ejemplo, cuando un joven lee un relato y piensa: “esto también me ha pasado a mí”, la lectura deja de ser una tarea escolar y se convierte en una experiencia personal. Esa conexión emocional hace que la comprensión sea más profunda y duradera.

Otro aspecto clave que resalta la investigación es el hábito lector. Leer de manera constante, aunque sea unos minutos al día, fortalece la capacidad de interpretar, inferir y opinar. Un estudiante que lee con frecuencia empieza a relacionar lo que lee con lo que aprende en clase, con lo que vive en su entorno y con lo que piensa. Por ejemplo, al leer una noticia puede comparar información, cuestionar lo que se dice o formarse una opinión propia. Eso es comprensión crítica.

Desde esta lectura, como docentes, la invitación es clara: debemos crear espacios donde leer no sea castigo ni obligación, sino una oportunidad. Permitir que los estudiantes elijan sus textos, hablar con ellos sobre lo que leen, escuchar sus opiniones y no centrarnos únicamente en respuestas correctas, ayuda a formar lectores autónomos y seguros.

Para los estudiantes, el mensaje también es sencillo: leer no es solo para aprobar una materia. Leer ayuda a expresarse mejor, a entender lo que pasa alrededor y a tomar decisiones con mayor criterio. Leer por gusto, aunque sea poco a poco, es una forma de crecer.

De esta manera, la investigación nos recuerda que la lectura voluntaria transforma la forma de aprender. Cuando se fortalecen las dimensiones cognitivas, afectivas y conductuales de la lectura, los estudiantes no solo comprenden textos, sino que desarrollan pensamiento crítico, autonomía y una actitud activa frente al aprendizaje y la vida.

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