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¿Tiene sentido el Trabajo en Equipo?

No es posible un “yo” sin formar parte, antes o después, de un “nosotros”, ya que no podemos olvidar que en cualquier “yo” se encuentra la huella de muchos otros.    

Por esa necesidad de interrelación surgen las asociaciones de los individuos formando equipos. El ser humano necesita de espacios sociales, es consustancial a su propio ser. Los acontecimientos más importantes acontecen en equipo, es más, la calidad de vida y la calidad social de las personas dependen de los equipos de los que forma parte. (Ayestarán, 1996). El equipo nos reconoce, nos forma y socializa, nos apoya, nos brinda afecto; de la misma manera, el equipo  nos retroalimenta, nos confronta y nos fortalece.

Cada equipo tiene su dinámica.  El análisis de la dinámica de los equipos nos ayuda a comprender el comportamiento de los individuos y nos ayuda a desarrollar estrategias de intervención desde la esfera de un equipo (González, 1996).

A través del trabajo mancomunado y colaborativo ya sea en tareas, proyectos o investigaciones, dentro de la familia, las organizaciones o la educación, es posible disminuir e incluso desaparecer las diferencias y los conflictos entre los individuos, y así asegurar el desarrollo de personas creadoras de una sociedad menos violenta y más humana.

 

De ahí, que el equipo debe ser concebido no sólo como un nivel de análisis sino también  como un lugar de convivencia, como una forma de trabajo, como un proceso adecuado para potenciar los cambios actitudinales y los cambios sociales,  como un espacio de crecimiento para la vida misma que a  través de la dinámica del propio equipo, puede provocar  cambios y relaciones a  nivel intrapersonal, interpersonal y grupal.  

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En la actualidad, muchas personas están de acuerdo en que es absolutamente necesario aprovechar los recursos del equipo para realizar el trabajo y para disfrutar de la interacción social que este permite.  No obstante al lado del interés por el equipo también existe preocupación por las dificultades que se manifiestan  en su práctica; no cabe duda de que la vida de un equipo es un aprendizaje que tiene su dosis de complejidad. Pero de eso se trata, un equipo no es algo perfecto que surge de la nada, es una construcción que se va haciendo a partir de las propias vivencias que este proporciona.

 

Parece entonces que hay algo, diferente a las personas mismas, pero construido por ellas, que hace que un equipo  pueda tener sentido.  Tal vez sea el sistema de interacciones, o la cultura compartida del equipo, o la manera de plantear y resolver sus espacios de trabajo, o el modo de resolver sus conflictos, o todos esos aspectos juntos.

 

A menudo se ven equipos que lejos de ser “más que la suma de sus partes” son una verdadera resta de las posibilidades de sus partes.  Un equipo real  y contundente es aquel que de verdad consigue ser más que las suma de sus partes. Es un equipo que aprovecha las potencialidades y oportunidades que se le presentan por el hecho de ser un equipo:

 

  • Realiza colectivamente aquello para lo que ha sido creado o formado.  Y lo hace bien.
  •  Integra el bienestar de las personas como una necesidad fundamental del equipo. Las personas del equipo conocen el placer o la satisfacción de trabajar colectivamente.
  • Socializa el cerebro de cada uno de sus miembros para dar lugar a una inteligencia colectiva. Utiliza las ventajas del pensamiento en equipo y supera las limitaciones del individual. Las reuniones de trabajo son una oportunidad para desarrollar su inteligencia.
  • Aprovecha la diversidad de las personas que lo componen, tanto de sus habilidades, como de sus cerebros y de sus sensibilidades, en lugar de considerarla como un error. No convierte cada diferencia en oposición. Los conflictos son utilizados para optimizar sus planteamientos y su estructura. 
  • Hace que el sentido del equipo, esto es, su razón de ser, sea el resultado de una construcción colectiva real, no impuesta, figurada o inexistente. 
  • Posee una estructura orientada a la tarea y al sentido, decidida y diseñada por el propio equipo. Tiende a construir una estructura horizontal en la que las personas pueden participar, decir, trabajar y aprender.

 

El equipo es un sistema y como tal se compone de partes diferenciadas que se relacionan entre sí. Lo que el equipo piensa influye en lo que hace y lo que hace influye en cómo se siente. La estructura del equipo influye en su dinámica y en sus motivaciones, a su vez éstas influyen en lo que el equipo hace y logra... y así sucesivamente,  se llegará a comprender que encontrarle sentido y valor al trabajo en equipo es cuestión de coherencia y de actuar desde la propia convicción

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